En enero de 2023, «Baby Shark Dance» de Pinkfong superó los 13 000 millones de visualizaciones en YouTube, convirtiéndose en el vídeo más visto de la historia de la plataforma y destronando a «Despacito» de Luis Fonsi. En 2025 supera ya los 14 000 millones de visualizaciones. Para los padres que llevan años con la canción metida en la cabeza, la pregunta es: ¿por qué? ¿Qué hace que esta canción infantil de dos minutos en concreto resulte tan extraordinariamente atractiva para los niños pequeños de todo el mundo?
De dónde salió Baby Shark
Los orígenes de «Baby Shark» son décadas anteriores a la versión viral de Pinkfong. Una versión de la canción era popular como canción de campamento en Estados Unidos y Alemania al menos desde la década de 1970, posiblemente antes. La cantaban los monitores de campamento como un juego de llamada y respuesta, con gestos de las manos que simulaban nadar y morder.
Pinkfong —una empresa surcoreana de entretenimiento educativo fundada en 2010— produjo su versión en 2015. El videoclip animado se subió a YouTube en junio de 2016. Durante casi dos años creció de forma constante en Asia, en particular en Corea del Sur y el sudeste asiático. Después, a finales de 2018, el algoritmo empezó a distribuirlo a escala mundial y su crecimiento se volvió exponencial. En noviembre de 2020 se convirtió en el vídeo más visto de la historia de YouTube.
La ciencia del desarrollo detrás del poder de la canción
Los investigadores del desarrollo infantil han identificado varias características concretas que hacen que «Baby Shark» sea extraordinariamente eficaz para captar y mantener la atención de los niños pequeños:
- •Tempo: 115 bpm, lo bastante rápido para resultar estimulante y lo bastante lento para poder seguirlo; coincide con el estado de activación de un niño pequeño activo
- •Repetición: la misma frase de 4 compases se repite cambiando solo una palabra; perfecta para la memoria procedimental
- •Estructura de llamada y respuesta: los niños pueden participar sin saberse toda la letra
- •Gestos físicos: los movimientos de las manos implican el sistema motor y profundizan la codificación
- •Personajes familiares: la unidad familiar (bebé, mamá, papá, abuela, abuelo) refleja el mundo social de los niños
- •Arco narrativo sencillo: cazar → perseguir → escapar → a salvo; aporta satisfacción narrativa
- •Animación brillante y de alto contraste: optimizada para un procesamiento visual inmaduro
Por qué trasciende el idioma y la cultura
Uno de los aspectos más notables de «Baby Shark» es su alcance intercultural. Ha encabezado las listas infantiles en Corea del Sur, Estados Unidos, el Reino Unido, Brasil, Indonesia y en toda África. El éxito de la canción ilustra una tesis que los musicólogos defienden desde hace tiempo: ciertas características acústicas y estructurales de la música para niños pequeños son culturalmente universales, arraigadas en la arquitectura neuronal prelingüística que comparten todos los bebés humanos.
El tiburón —una criatura que combina la amenaza (emocionante) con la seguridad de un dibujo animado (no amenazante)— también puede conectar con la psicología evolutiva del juego infantil: la exploración segura de algo peligroso desde una posición de completa seguridad.
Lo que los padres deberían saber
¿Es «Baby Shark» buena o mala para los niños? La respuesta es más matizada de lo que sugiere el gesto de fastidio de los padres. La canción es genuinamente educativa: enseña vocabulario (tiburón, océano, cazar), relaciones familiares, a contar (si prestas atención) y coordinación física participativa. La animación de la versión de Pinkfong está diseñada intencionadamente teniendo en cuenta principios del desarrollo infantil.
La preocupación, como con cualquier contenido infantil único, es la sobreexposición y el desplazamiento de la experiencia musical variada. Un niño que solo oye «Baby Shark» en bucle se pierde el espectro musical y lingüístico más amplio que aporta la variedad. Usada como una canción más entre muchas, no hay nada de qué preocuparse, y sí bastante valor para el desarrollo.
